A lo largo de la historia de Brasil, la sociedad civil organizada ha desempeñado un papel fundamental en imaginar, forjar, universalizar y defender derechos fundamentales. Es parte esencial de la construcción de un país y de un planeta viables en todas sus dimensiones: social, económica y ambiental.
La confianza es clave para financiar a la sociedad civil en el Sur Global, facilitando impactos innovadores y sostenibles desde las comunidades.
Por Ana Valéria Araújo*
En contextos marcados por profundas desigualdades, violencia institucional y retrocesos democráticos, los movimientos sociales, colectivos de base y organizaciones comunitarias no solo resisten frente a la destrucción del tejido democrático, sino que también proponen caminos colectivos para avanzar en la consolidación de derechos y construir un país más justo.
Por otro lado, también es histórica la dificultad de esta movilización popular de base para acceder a recursos y sostener su trabajo. En el Sur Global, mecanismos filantrópicos locales actúan para suplir esta brecha. Fondos locales y comunitarios independientes son una estrategia central para canalizar recursos, superar barreras burocráticas y garantizar que los financiamientos lleguen a las comunidades y a sus territorios, impulsando la innovación y soluciones a problemas que son de toda la sociedad.
En este sentido, el Fundo Brasil de Direitos Humanos, desde hace 18 años, viene construyendo y perfeccionando una metodología que tiene como premisa la confianza en las soluciones creadas desde la base de la sociedad civil brasileña. Una metodología que une la donación de recursos financieros con un acompañamiento técnico individualizado de proyectos y organizaciones, además de procesos de formación, capacitación y creación de oportunidades para fortalecer redes y acciones conjuntas, con el fin de potenciar el trabajo valioso y fundamental realizado por grupos, colectivos y organizaciones de base.
Ya hemos donado más de R$100 millones para apoyar a más de 2.000 proyectos en todas las regiones del país, con especial atención a organizaciones con poco o ningún acceso a recursos. Esta forma de actuar se basa en la escucha y el diálogo genuino, en la valorización innegociable de la autonomía de los grupos apoyados, y está centrada en su fortalecimiento institucional.
Esta metodología parte de un enfoque singular que entiende los derechos humanos como un concepto que atraviesa todas las causas fundamentales de la sociedad brasileña. Es el resultado de nuestra historia: el Fundo Brasil fue creado por activistas experimentados de derechos humanos con la propuesta de construir un mecanismo de financiamiento profundamente enraizado en el país, capaz de colocar a liderazgos de diversas causas de derechos humanos en el centro de las decisiones de financiamiento.
Se trata, por lo tanto, de un modelo de filantropía participativa que ha ido perfeccionando sus prácticas y que se materializa en diversas instancias: desde la gobernanza de la fundación hasta los comités de selección de proyectos, para los cuales se invita a activistas reconocidos y respetados en los campos en los que actúan.
Esta sólida experiencia de apoyo a la autonomía y al fortalecimiento de la sociedad civil convierte a los fondos y fundaciones locales y comunitarios de Brasil – y del Sur Global – en un activo valioso para la urgente lucha por superar las desigualdades y exclusiones a escala global. También para la promoción de la justicia climática, una causa en la que los pueblos y comunidades del Sur Global son especialmente decisivos.
Lamentablemente, mientras los fondos locales y comunitarios construyen metodologías de apoyo de largo aliento, capaces de cualificar la acción de la sociedad civil y ampliar la escala de sus impactos positivos, los recursos disponibles son inciertos y muchas veces insuficientes para garantizar la continuidad de las iniciativas. Un desafío central que enfrentan estos fondos es la naturaleza de los recursos disponibles. Las donaciones provenientes del Norte Global hacia los mecanismos del Sur a menudo se caracterizan por flujos inestables y limitados, de corto y mediano plazo.
Es urgente cambiar esta lógica. Apoyar de verdad a la sociedad civil del Sur Global exige más que transferencias puntuales. Requiere disposición política e institucional, por parte de los financiadores internacionales, de comprometerse con apoyos más duraderos y de trabajar junto a sus pares para ampliar el volumen de recursos destinados a la filantropía independiente del Sur.
También significa reconocer y confiar en la experiencia acumulada por iniciativas como el Fundo Brasil, en su capacidad de generar vínculos con los campos de defensa de derechos y en su contribución decisiva para mantener vivo el espacio cívico en contextos complejos, incluso frente a gobiernos autoritarios o crisis como la pandemia.
Es necesario que los financiadores internacionales se comprometan con el fortalecimiento de esta arquitectura de apoyo a la sociedad civil, reconociendo su valor estratégico y contribuyendo a su sostenibilidad. Las experiencias del Sur Global demuestran el valor de las relaciones de confianza para construir alianzas duraderas, transformaciones reales y un futuro posible.
*Abogada especializada en derechos humanos y derechos de los pueblos indígenas, es directora ejecutiva del Fondo Brasil de Derechos Humanos y miembro del Consejo de Gobernanza de la Rede Comuá.
Es un enfoque de concesión de subvenciones basado en relaciones de confianza, con financiamiento plurianual y sin restricciones, menos burocracia, escucha activa y una asociación horizontal entre financiadores y organizaciones, para reducir asimetrías de poder y acelerar el impacto en los territorios.
En la práctica, requiere una cultura orientada a la equidad, estructuras y liderazgos alineados, y procesos simplificados para que quienes están en primera línea decidan cómo asignar los recursos de manera más efectiva.
Los fondos locales y comunitarios actúan como puentes que superan barreras de acceso, canalizando financiamiento directo hacia colectivos de base y organizaciones que comprenden sus realidades, lo que amplía la escala y la sostenibilidad de las soluciones.
Las metodologías basadas en la confianza combinan recursos financieros con apoyo técnico y fortalecimiento institucional, ampliando la capacidad de respuesta y la autonomía de la sociedad civil frente a los desafíos socioambientales.
Beneficios: ejecución más rápida, fortalecimiento de capacidades locales, mayor eficacia del gasto y más justicia socioambiental al reubicar el poder de decisión en los territorios.
Riesgos y desafíos: exige transparencia mutua, una gobernanza sólida y prácticas de retroalimentación; algunos financiadores perciben mayor riesgo con subvenciones irrestrictas y plurianuales, lo que demanda un cambio cultural e institucional.
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