En este artículo, analizamos cómo la confianza, la colaboración y la redistribución del poder pueden hacer que la financiación destinada al clima, la naturaleza y las personas sea más eficaz, equitativa y transformadora.
Este artigo foi publicado originalmente no LinkedIn.
By The Global South House
En un contexto marcado por la crisis climática, el aumento de las desigualdades, la contracción de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) y profundas transformaciones geopolíticas, surge una pregunta cada vez más urgente: ¿quién decide hacia dónde se dirigen los recursos destinados a enfrentar los desafíos más complejos de nuestro tiempo?
La respuesta revela una tensión central del sistema internacional de financiamiento. Aunque los territorios del Sur Global albergan muchas de las soluciones más eficaces para la protección de la biodiversidad, la adaptación climática y la justicia socioambiental, los flujos de recursos siguen siendo controlados en gran medida por estructuras ubicadas en el Norte Global.
El debate sobre la arquitectura financiera internacional no se limita al volumen de recursos disponibles. Se trata de poder, legitimidad, narrativas y acceso. Los recursos filantrópicos internacionales no siempre necesitan pasar por múltiples capas institucionales antes de llegar a las comunidades. Cuando la toma de decisiones se aleja de las realidades locales, las comunidades, los movimientos y las organizaciones pueden quedar excluidos de los espacios donde se definen las prioridades y se asignan los recursos.
Es precisamente en este contexto donde cobra relevancia el debate sobre la importancia de los mecanismos de financiamiento con arraigo territorial: instituciones que operan con proximidad, confianza, conocimiento contextual y capacidad para distribuir recursos de manera eficiente y estratégica, reconociendo la legitimidad de los actores presentes en los territorios.
En conjunto, los mecanismos de financiamiento del Sur Global han venido impulsando redes de colaboración e incidencia estratégica, conformando un campo cada vez más relevante de articulación dentro del sector filantrópico. Sin embargo, los desafíos contemporáneos son demasiado complejos para ser abordados por un solo sector.
Gobiernos, filantropía, sector privado, movimientos sociales, organizaciones comunitarias e instituciones locales poseen capacidades complementarias que deben coordinarse para generar cambios sistémicos. A partir de esta visión compartida, nos complace trabajar junto con WINGS para fortalecer el diálogo sobre financiamiento colaborativo y soluciones lideradas localmente. Esta colaboración respalda iniciativas como nuestra participación en la London Climate Action Week (LCAW 2026), donde convocaremos un diálogo multisectorial que reunirá a representantes de gobiernos, fondos multilaterales, filántropos, instituciones financieras, organizaciones de pueblos indígenas, fondos comunitarios y organizaciones de la sociedad civil. Juntos, analizaremos cómo las arquitecturas financieras actuales configuran los flujos de recursos y debatiremos qué se necesita para rediseñarlas de manera que apoyen una transición climática justa y arraigada en los territorios.
“El objetivo no es solo reunir a diferentes actores alrededor de una misma mesa, sino transformar la propia lógica del financiamiento y la cooperación, sustituyendo relaciones jerárquicas por modelos basados en la confianza, la corresponsabilidad, la escucha y la construcción colectiva”, destaca Sameera Mehra, Directora de Inteligencia Colectiva e Incidencia de WINGS.
Este cambio de paradigma es especialmente crítico para el financiamiento climático, dado el crecimiento significativo de los recursos destinados a las agendas de clima y naturaleza en los últimos años. La Amazonía, la Cuenca del Congo y otros territorios estratégicos han recibido una atención creciente por parte de gobiernos, fundaciones e inversionistas internacionales. Los pueblos indígenas, las comunidades tradicionales, las mujeres, la juventud y las organizaciones de base han pasado a ser reconocidos como actores fundamentales para la protección de los ecosistemas y la construcción de soluciones resilientes.
Sin embargo, el incremento del financiamiento no se ha traducido automáticamente en una redistribución del poder. En la mayoría de los casos, las nuevas inversiones continúan siguiendo las mismas rutas institucionales de siempre, reproduciendo estructuras que concentran la toma de decisiones lejos de los territorios. Como consecuencia, las soluciones locales siguen estando insuficientemente financiadas, mientras que las organizaciones comunitarias enfrentan barreras burocráticas, requisitos incompatibles con sus realidades y dificultades para acceder a financiamiento de largo plazo.
Es aquí donde las alianzas multiactor pueden desempeñar un papel transformador. Cuando se construyen de manera genuina, permiten que distintas formas de conocimiento dialoguen en condiciones más equilibradas, garantizando que la experiencia vivida por las comunidades tenga el mismo peso que los conocimientos técnicos e institucionales y que los recursos se diseñen en función de las necesidades de los territorios, y no únicamente de las prioridades de los financiadores.
“La redistribución del poder y la escucha activa requieren una participación genuina. Esto significa que las comunidades, la sociedad civil local y la filantropía local deben desempeñar un papel significativo en la definición de prioridades, la generación de ideas, el diseño de soluciones, el desarrollo e implementación de iniciativas y la definición de lo que significa el éxito”, señala Sameera, reconociendo que muchos de los sistemas de financiamiento actuales no fueron concebidos para responder a los complejos desafíos que enfrentamos hoy.
En la práctica, la confianza se traduce en financiamiento flexible, apoyo institucional de largo plazo, simplificación de procesos y disposición para asumir riesgos. Después de todo, la innovación social y climática rara vez surge en entornos excesivamente controlados; florece cuando las organizaciones y las comunidades cuentan con el espacio necesario para experimentar, aprender y adaptar las soluciones a sus propias realidades.
Al mismo tiempo, es fundamental reconocer que no todas las alianzas son inherentemente justas. Como enfatiza Sameera, “los desequilibrios de poder deben abordarse explícitamente. No basta con ampliar la participación; es necesario cuestionar quién establece las agendas, quién controla los recursos, qué sistemas de conocimiento son valorados y quién ejerce influencia sobre los procesos de toma de decisiones”.
En este sentido, dar visibilidad a las soluciones locales del Sur Global no es simplemente una cuestión de comunicación, sino una cuestión de gobernanza.
El futuro del financiamiento para el clima, la naturaleza y las personas dependerá de nuestra capacidad para construir alianzas verdaderamente transformadoras y asociaciones multiactor capaces de redistribuir el poder, reconocer la diversidad de conocimientos, fortalecer los liderazgos locales y garantizar que los recursos lleguen a los lugares donde el impacto realmente ocurre.
En última instancia, dar visibilidad a las soluciones del Sur Global significa reposicionar a quienes se encuentran en la primera línea de la acción climática como protagonistas de las decisiones y no solo como beneficiarios de los recursos. Las alianzas multiactor representan, por tanto, no un modelo complementario, sino una condición necesaria para que el financiamiento destinado al clima, la naturaleza y las personas sea verdaderamente eficaz, equitativo y transformador.
La Casa Sur Global
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